miss_lia: (My gummi heart)
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En retrospectiva, no debería haber ido a ver Patas Arriba con el Beloved de haber sabido de que iba, pero despues de que Sergio Monsalve en Panfleto Negro le diera el visto bueno, y que la vaina aún no salía de cartelera, no pude menos que decir "¡Esa!" cuando el Beloved me la nombró entre las películas disponibles en la sala del cine donde él quería ir.

No me malentiendan. La película es buena. Es más, en estos momentos yo la califico como la mejor película del cine nacional ever (o al menos hasta que encuentre el DVD de Araya que tengo por ahí, para ver si de verdad el documental de la Benacerraf se lo merece).  El problema está en que yo no soy del tipo de gente que tiene que estarse sentada en la sala hasta que prenden las luces, secándose las lágrimas hasta poder lucir medio normal. Y la película me produjo eso, sin usar los típicos tropos y clichés lloreros que vemos en todas partes.

Creo que el problema está en las vainas que me hacen llorar. Casi nada en media me ha hecho llorar de verdad, sentidamente. El Beloved es más emocional, y asegún lloró hasta con el episodio donde Ash está a punto de dejar libre a Pikachu, pero a mi ni agüita en los ojos. La página de Tear Jerkers en TVtropes me da tristeza, pero no tanta así. En TV, la única cosa que me hizo llorar fue una escena en particular en la infame serie El Toque de Un angel pero sólo porque esa escena del Caso De La Semana me pegaba demasiado con lo que estaba viviendo el mi vida en ese momento histórico. Con música, muy pocas canciones, y eso sólo después de ver el videoclip. Pero en cine yo no vine a llorar de verdad hasta que vi las escenas con Ellie en Up. Ustedes saben cuales.

Creo que a estas alturas ya todos sabemos por donde viene la cosa. Pero me desvío.

La trama de Patas Arriba es engañosamente simple. El patriarca de la familia, Renato, se está muriendo. La esposa falleció hace como 30 años, y es obvio que la cosa aún le afecta. Los hijos no son malas personas, pero cada uno tiene sus propios peos, y obviamente no le están parando el moribundo, mientras están en vida repartiéndose los bienes y tratando de resolver las vainas necesarias para meter al viejo en un hospicio. El viejo, por su parte, tiene un plan: arreglar sus asuntos antes de que llegue Navidad, escabullirsele a sus hijos y montarse en su vieja lancha en viaje a Salvador de Bahia (Brasil), la tierra natal de su difunta esposa. Para ello cuenta con la ayuda de su nieta Carlota (su socia, como la llama), y del homeópata/curandero/whatever que lo trata.

Que las cosas no salen como don Renato y su socia (y los hijos) esperan es obvio. Que las cosas no se desenvuelven como el especial navideño cursilero que la sinopsis arriba podría indicar es la mayor sorpresa de todas.

Los descendientes de Renato, en orden cronológico, que no de peso en la trama:

  • Monserrat, el póster venezolano para los tropos de The Dutiful Son y "Well Done, Daughter" girl. Divorciada, aunque el médico del papá le echa los perros y ella le corresponde ahí ahí. La única razón por la que el viejo está con ella es que sus hermanos esencialmente se lo montaron. Sufre las consecuencias de un implante de tetas mal hecho (el cual de por si ya era un recurso desesperado para rescatar una autoestima destruida y un matrimonio fallo), lo cual se vuelve serepindicamente relevante con el actual escándalo de las prótesis PIP. Y encima vuelve con el cirujano Nick Riviera Quality que se las dejó así. Naturalmente, necesita plata para reajustarse, y menos obligaciones para poder recuperarse como es. Tiene una hija bailaora flamenca, cuyo único punto en la trama es dar contraste con su madre.
  • Anita, la mamá de Carlotica la socia. Embarazada casi de parto, y con un marido que vive afuera y que evidentemente no tiene muchas intenciones de volver. La propia hija intuye que hay divorcio en puertas, aunque Anita trata, sin mucho éxito, de convencer(se) de que las cosas se pueden acomodar y que para reajustar su vida solo necesita sacudirse al sujeto con el que tuvo un resbalón entre las largas ausencias del marido. Sujeto que, por cierto, es el maestro de escalada de la niña, y el único hombre aparte del viejo Renato que parece preocuparse genuinamente por ella. De ella se podría decir lo mismo que de la bibliotecaria de Katawa Shoujo: una persona incapaz de arreglar su vida que, por alguna razón, parece ser perfecta para dar "consejos" al respecto a los demás.
  • Salvador, el varón. Director de teatro y pornomancer nivel avanzado. El carajo tiene issues, lo sabemos porque es el único de los hijos que aparece en los flashbacks. Entre sus issues están una total incapacidad de relacionarse con mujeres de un modo que no sea el flirt descarado o el desdén casi misógino, y, nos dicen, un miedo al mar. Ambas cosas aparentemente relacionadas con la muerte de la mamá, hecho que presenció de chamito. Estoy segura de que el carajo huele que el papá esta a punto de espicharla y está conscientemente sacándole el culo al viejo y las hermanas, pero basta apenas que crea que el viejo ya se fue para...
  • Carlota, la socia. Una niña de como ocho años que es cómplice de los planes del abuelo, le trae dulces a escondidas y hace de recadera incidental y asistente ocasional. Tambien es testigo de todo lo que pasa con los adultos, e intenta llevarlo como mejor puede, pochita. Simultáneamente más y menos importante para el plot de lo que uno podría pensar. La niñita que la interpreta es un auténtica ricura, un oasis de naturalidad entre tanto niño afectado y tanto moe a juro que los directores y productores imponen a los actores preadolescentes.  Su mejor escena es cuando se roba la estatua de la Virgen a la que su mamá le reza todas las noches, escala una pared de piedra hasta un pico donde hay una Virgen de a saber que cosa escala 1:1, y tras poner la de su casa justo al lado de la versión escénica, le quita las lágrimas pintadas a los ojos.

También salen el curandero que atiende al viejo Renato, el geriatra del pueblo, el compadre del viejo y su sexy hija de inexplicable acento colombiano, las chicas de la compañía de teatro, Tania Sarabia haciendo mas o menos de ella misma (aunque a diferencia de Mimí Lazo, ver a la señora Sarabia haciendo de ella misma si es entretenido)  y un arquetípico guardia nacional. Todos ellos importan en la trama, y todos estupendos.

Yo iba medio mentalizada y medio espoileada, pero la trama me agarró de sorpresa. Aunque yo me di cuenta de que iba a terminar llorando después de la escena inicial, viendo a un señor mayor temblorosamente cosiendo tela, no es sino  hasta el climax del tercer acto cuando comenzó la llorera.

Esta película también podría llamarla "The Chejov Armory, la dramedia familiar". Hace tiempo que no veía en una película (venezolana o de cualquier otra nacionalidad) tantos momentos de Fridge Brilliance, lo que da una idea de lo bien hilado que está el plot. También hacía tiempo que no veía una peli nacional sin la típica Actuación De Culebrón de la que padecen tantos filmes nacionales estelarizados por el cast de la última novela de Leonardo Padrón. El premio se lo ganan el actor del viejo y la que hace de la nieta, un primer actor en toda regla, y una niña con un brillante futuro actoral respectivamente.

Otra cosa que tiene esta película es lo sutil. No vemos abiertamente las cicatrices (emocionales, físicas), pero se notan. Los personajes hablan mucho, pero lo que nos dicen es casi tan importante como lo que no, como lo que se insinúa. No es el dolor obvio de teatro, de culebrón, sino algo más profundo, mas disimulado y en consecuencia más emocional, más resonante. La fotografía ayuda en ello.

Una reseña que vi en la página de la película decía que, si no fuera porque uno ubica la locación en el pueblo de Galipán, en el Ávila, la historia no se siente "venezolana". Chamo, considerando lo que cierta gente considera como "venezolanidad" en el cine, ¡casi mejor que no! Esta película, en medio de su clase media y sus paisajes bonitos y su drama de familia, no sera el Typical Venezuelan de postalita y de Villa del cine, pero dice más cosas de este país y de sus neurosis colectivas que cualquier otra vaina que pueda exportarse.

Esta es la película que debería el país mandar al Oscar a la peli de lengua extranjera, y no las tonterías patrioteras que encarga el Capo a Villa del Cine y colaboradores.

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